Piratería en la Grecia clásica (II)

Recogemos el testigo donde lo dejamos en Piratería en la Grecia clásica (I) con el fin de continuar con la narración de los hechos. Como ya avisamos, la entrada de hoy viene cargada de complicados nombres, por lo que hemos decidido asociarle un color a cada uno para que sea más sencillo seguir la secuencia de personajes y acciones. Bien, proseguimos en el momento del asedio anfibio ateniense sobre Egina y la derrota de la flota que lo realizaba por mar a manos del espartano Teleutias. Esta desbandada naval provocó que las fuerzas que cercaban la ciudad por tierra pasaran de sitiadores a sitiados, puesto que se quedaron sin línea de suministros. Así, con tal de rescatarlos, en la Ecclesía de Atenas se llevó a cabo una votación que decidió equipar y enviar gran número de naves a por ellos.

Ladrillo decorado con un trirreme,un barco rápido de remos, con dos mástiles, el más pequeño el de trinquete, desplazados hacia proa y algo inclinados hacia delante. Las velas cuadradas. Presenta dos castillos uno en la proa y otro en la popa, donde se hiza una bandera. Se representan los remos e incluso dps timones. Consistía en un navío de guerra Realizado mediante líneas incisas antes de la cocción y después de ésta, mediante el estarcido los orificios de remos y los mismos.
Ladrillo decorado con un trirreme inciso con dos castillos a proa y popa. Están representados los remos e incluso los dos timones. Aunque se trate de una imagen romana, la embarcación es similar a las utilizadas durante la Guerra de Corinto.

Debió ser un acalorado debate, puesto que de una acción que debía aminorar la carga económica sobre las poblaciones costeras, se pasó a un gran desembolso que sólo perseguía llevar a cabo un rescate y tornar a la situación anterior… Y fue percibido como un gran fracaso, ya que Pánfilo, promotor de la acción, fue procesado por malversación de fondos públicos -les viene de antiguo a los políticos, ¿eh?- y se tomaron propiedades suyas por valor de cinco talentos. Meanwhile –mientras tanto- eginetas y lacedemonios continuaban pirateando a sus anchas por el litoral ático bajo la protección de las naves de Gorgopas. Pero Gorgopas fue sustituido como navarco -almirante, para entendernos- por Antálcidas en 388/7, quien se llevó de paseo de escolta la escuadra hasta Éfeso.

Moneda de plata de la isla de Leucas en la que se aprecian la proa y el espolón de una nave de guerra griega. S.IV a.C.
Moneda de plata de la isla de Leucas en la que se aprecian la proa y el espolón de una nave de guerra griega. S.IV a.C.

Rápidamente, Atenas decidió enviar a Éunomo al mando de trece trirremes con el objetivo de devastar los campos de Egina, puesto que no estaban las cosas como para arriesgarse a un nuevo fracaso en otro asedio. Antálcidas, entonces, envió a Gorgopas de vuelta con doce naves, quien al vislumbrar a la flota ateniense decidió rehuirla y parar a cenar en el puerto de Egina. Sí, se refugió en el puerto, pero no por motivos culinarios. En cuanto sus hombres cenaron decidió seguir al amparo de la noche a las naves de Éunomo, a las que sorprendió totalmente en el cabo Zoster, capturando cuatro trirremes y haciendo huir a las demás hacia El Pireo. Tras severos tropiezos en la misma piedra, el fracaso de Éunomo por fin concienció a los Atenienses de que era necesaria una expedición mucho más costosa para acabar con los saqueos orquestados desde Egina.

Hércules agarrando a Tritón, con dos delfines que simbolizan la fuerza y la astucia. Cerámica negra realizada en el Ática en 530 a.C.
Hércules agarrando a Tritón, con dos delfines que simbolizan la fuerza y la astucia. Cerámica negra realizada en el Ática en 530 a.C. Fuente: Ceres.

De esta forma, la fuerza enviada para auxiliar a Evágoras en Chipre desdembarcó de noche en Egina. Se trataba de un contingente combinado de hoplitas y peltastas que lograron vencer a Gorgopas gracias a las tácticas nocturnas utilizadas. Por fin parecía que se lograban dos grandes golpes: acabar con la piratería eginética y asestar un duro golpe a las pretensiones navales espartanas. Entre otras cosas, lo segundo se logró porque de la isla procedía el fondo con el que se pagaba a la marinería espartana, tal como indica el consiguiente motín que tuvo lugar en ella. Fue nombrado entonces Teleutias como navarco, bajo la promesa de conseguir inmediatamente fondos con los que parar este motín. De este modo, con doce trieres atacó directamente El Pireo al amanecer, cogiendo totalmente desprevenidos a los atenineses, inutilizando todas las naves de guerra que pudo y remolcando un gran número de mercantes. A la llegada de los soldados de Atenas al puerto, con la idea de retomarlo, se encontraron con que Teleutias ya se había marchado, llevándose de camino barcazas llenas de trigo.

Reconstrucción contemporánea de un trirreme griego.  Muy melancólica para cerrar estas dos entradas.
Reconstrucción contemporánea de un trirreme griego. Muy melancólica para cerrar estas dos entradas.

El golpe fue todo un éxito, ya que se pagaron los salarios atrasados e incluso se adelantó el del mes siguiente, con lo que Esparta se aseguró que las actividades de pirateo desde Egina continuasen. Este hecho está confirmado, entre otras razones porque Jenofonte les atribuye el mérito de hacer sentir acorralados a los atenienses hasta el punto de que quisieran firmaran la paz. Como anécdota final, parece ser que el mismísmo Platón fue capturado en un viaje de regreso desde Sicilia en ese mismo año -387- y vendido en el mercado de esclavos de Egina.

Sirva el ejemplo de como Esparta utilizó o legalizó la piratería en este conflicto para asomarnos a un hecho histórico que, por lo demás, debió de ser bastante común en un pueblo tan navegante como el de la Antigua Grecia.

Piratería en la Grecia Clásica | Piratería en la Grecia Clásica (I)Piratería en la Grecia Clásica (II).


Bibliografía utilizada

FORNIS, César. “Leisteía institucionalizada en la guerra de Corinto” En: ÁLVAREZ-OSSORIO RIVAS, Alfonso; FERRER ALBELDA, Eduardo; GARCÍA VARGAS, Enrique (coords). Piratería y seguridad marítima en el Mediterráneo Antiguo. Sevilla: Secretariado de publicaciones de la Universidad de Sevilla, 2013. Spal Monografías, Nº XVII. ISBN: 978-84-472-1531-7. pp. 89-94

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