Martín Sánchez, el corsario murciano que topó con la burocracia (en el siglo XIV)

Plano de Garao 1644. Se pueden ver galeras, jabeques-polacras, saetías, barcas y laudes. (procesoscomunicacion.blogsome)

Si estas leyendo esto probablemente hayas reparado en la parte entre paréntesis del título. Y sí, nos viene de antiguo. Pero antes de entrar en los problemas de Don Martín, hemos de situarnos en el espacio y el tiempo. A finales del siglo XIII y principios del siglo XIV el territorio de la actual Región de Murcia se hallaba inmerso en una complicada situación entre Castilla y Aragón, marcada por sucesivos acuerdos que delimitaban la influencia de uno y otro reino: Tratado de Cazola (1179), Tratado de Alcaraz (1243), Sentencia Arbitral de Torrellas (1304), Tratado de Elche (1305). Como esto no es un blog de diplomática, aunque ciertamente es una parte de la historia muy interesante, os remitimos a los enlaces de cada uno de los tratados si queréis profundizar en ello. Para resumir, Castilla se había agenciado los derechos sobre el territorio, pero los mismos fueron disputados por Aragón durante la minoría de edad de Fernando IV. Esto crearía un percedente legal que afectaría directamente al corso.

Mapa cronológico de Murcia a finales del siglo XIII y principios del siglo XIV. Fuente: Wikipedia y elaboración propia
Mapa cronológico de Murcia a finales del siglo XIII y principios del siglo XIV. Fuente: Wikipedia y elaboración propia

El caos administrativo de la zona unido a su condición de triple frontera, la convirtió en un sitio agradable para todo tipo de corsarios, tanto cristianos como musulmanes, que podían ampararse en las leyes de uno u otro reino según la conveniencia. Una de las consecuencias de esta inestabilidad fue que la ciudad de Cartagena vio disminuir su población, hasta el extremo de ofrecer muy pocas posibilidades para el armamento de buques. En este caótico contexto encontramos a nuestro amigo Martín Sánchez.

Sé lo que estáis pensando, este señor es un noble, no un corsario. Este era hijo bastardo de Sancho I de Portugal, pero como es medieval (un siglo anterior) y es la única representación medieval de un tal “Martín Sánchez”…

Lo primero que tuvo que hacer el bueno de Martín para sacar su saetía a pasear fue dejar una fianza en Valencia, donde se había aparejado esta. A pesar de ser murciano, se había desplazado a un puerto que por aquel entonces, sin duda, ofrecía muchas más posibilidades para la práctica del corso. La fianza se vio correspondida con un documento que le permitía sacar su bajel del puerto, eso sí, sin armar y con el personal mínimo para tripularla: el objetivo era únicamente trasladarse a tierras castellanas y las autoridades valencianas no querían correr ningún riesgo. Pese a las buenas intenciones de nuestro amigo, expresadas por escrito, las autoridades valencianas prefirieron contar con la metálica garantía antedicha, además de contar con la seguridad de una tripulación mermada.

Si entrecerráis los ojos podréis aadivinar algunas saetías al fondo de la imagen. Fuente: http://www.estudiasonavegas.com/guia-eon/astronomia/100-historia-de-la-navegacion-de-crimilda/284-barcos-con-nombre-propio-14
Detalle de una ilustración de Pedro Oromig, 1612. Si entrecerráis los ojos podréis aadivinar algunas saetías al fondo de la imagen. Fuente: estudiasonavegas.com

Una vez en terreno murciano, hubo de presentarse ante el Adelantado de Murcia, responsable de las actividades marítimas de dicho Reino, a imagen de su colega valenciano. Así, el día 7 de julio de 1327, Martín Sánchez se compromete formalmente a operar desde Murcia – se sobreentiende “el Reino”, desde el Segura hubiera estado complicadillo -, realizando el corso contra los enemichs de la Creu del Nostre Senyor.

Según Rafael Monleón y Torres, la embarcación que se pierde por la parte derecha es una saetía. Fuente: miniaturasmedievales.com
Según Rafael Monleón y Torres, la embarcación que se pierde por la parte derecha es una saetía. Fuente: miniaturasmilitaresalfonscanovas.blogspot.no

El Adelantado de Murcia sería quien le autorizase a armar su saetía de 20 remos, pero Martín había de notificar al Baile General de Valencia que “había sido admitido” en el bando castellano. Como si de un traslado de competencias entre las modernas Autonomías se tratase. Además, el compromiso del corsario incluía no molestar a los súbditos de la Corona de Aragón ni a sus aliados. Dicho compromiso sería sellado mediante una nueva fianza de 200 maravedíes de oro.

Una de las páginas del atlas portulano de Joan Martines, 1570. En la parte inferior se puede apreciar la costa mediterránea de la Península Ibérica. Fuente: Biblioteca Digital Hispánica.
Una de las páginas del atlas portulano de Joan Martines, 1570. En la parte inferior se puede apreciar la costa mediterránea de la Península Ibérica. Fuente: Biblioteca Digital Hispánica.

Tras todo este tejemaneje documental, se expide por fin un documento en el que se pide a Joan Vicent – guardia del Grao de Valencia – que autorice la salida de la saetía tripulada por ocho hombres. Cuando la DGT os ponga problemas recordad que nos viene de muy viejo, que es tradición lo que cumple el funcionario que os pide mil papeles que ni la Administración sabe que existen.

Martín Sánchez sacando al fin su saetía de Valencia rumbo a las costas murcianas (recreación)
Martín Sánchez sacando al fin su saetía de Valencia rumbo a las costas murcianas (recreación)

Pero. Sí, a pesar de que ya estaba todo dispuesto, hasta la llegada del documento castellano que confirmara todo lo anterior, la maquinaria jurídica no se pondría en funcionamiento. Esto sucedería el 25 de agosto de 1327, momento en el que Martín se presenta ante el Baile General con su carta del Concejo de Murcia y de López de Ayala, -cabeza de facto de las tierras murcianas en aquel momento-, tras lo que consigue la liberación de sus fianzas. En dicha carta se contenía que Martín Sánchez había llegado con una saetía de 32 remos – y no de 20 como se había dejado constancia en Valencia – a Murcia el 25 de julio. De nuevo, nuestro amigo tuvo que esperar a que Pero López de Ayala se responsabilizase de él a título personal, puesto que en Valencia habían puesto como requisito el permiso del Adelantado de Murcia, que en dicho momento no había sido nombrado todavía.

Monleón y Torres, de nuevo. Aquí la saetía viene identificada. Fuente: Biblioteca Digital Hispánica.
Monleón y Torres, de nuevo. Aquí la saetía viene identificada. Fuente: Biblioteca Digital Hispánica.

Tras este agobiante papeleo, el corsario pudo ejercer desde tierras castellanas, si bien es cierto que no se mantendría durante mucho tiempo en ellas. En 1334 aparece como asentado de nuevo en Valencia y posteriormente en Mallorca, dado que su rey continuaba una guerra contra Granada que había cesado por parte del bando castellano. No en vano, Martín Sánchez sólo buscaba una base desde la cual operar para continuar con su labor, puesto que su única fidelidad deducible era al Dios de los cristianos. O eso parece según la documentación, puesto que no hubiera sido extraño que hasta de Dios cambiase si así lo hubieran requerido las finanzas. Aunque no nos consta.


Bibliografía

DÍAZ BORRÁS, A. Los antecedentes trecentistas del corso murciano. Las vinculaciones del corsario Martín Sánchez con las autoridades de Valencia en las postrimerías del reinado de Jaime el Justo. Anales de la Universidad de Alicante. Historia Medieval. 1996-1997, núm 11, pp. 385-394. (Podéis descargarlo aquí)

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